El vino añejo
Y sus reiteradas historias
de un mundo.
Recorríamos sin cansancio
y concientes del otoño próximo,
el paso aventajaba,
sólido.
Fotografías impares,
nos revelaban.
Las grietas del ciprés
marcaban la llegada de una nueva historia.
Desde que dejé Barcelona,
los caminantes conmovidos por la Gracia
aun siguen las marcas,
en la tierra.
Porque es la fuerza
de El.

Aventuro las estaciones a cambiar su ciclo
Para que llegue,
Nos alcance,
en el barro, las sigo
no hay descanso.
Porque mi paso se apresuró,
lo bastante iluminado para seguir andando.
Un ritmo puntual que manifieste la entrega.
La tierra mojada,
Y la humildad,
en mis pisadas.
Por Rocio Ros - Estudiante Diseño de Indumentaria (UBA)
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